martes, 15 de agosto de 2017

Caminar con convicción

No sé cómo la vida puede llevarnos por caminos tan misteriosos. Ayer todo parecía etéreo y hoy todo es tan concreto, tan puntual. Eso te hace caminar con la convicción de no imaginar, sino de materializar y dejar de lado a la ilusión. No digo que esté mal, pero la incertidumbre es una buena compañera de viaje y el temor te hace cuestionarte.

Pienso en los marineros de la antigüedad, embarcándose a la mar con más fe que certezas. Y parte de la magia era desconocer a ciencia cierta cuál sería el próximo puerto, pues aunque hubiera una ruta trazada, las variables en el océano son muchas.

Cuando miro este camino, me detengo. Los años, mis compañeros de viaje, me aportan experiencias y vivencias, con las que lleno mis maletas y me permiten apreciar y valorar cada paso que doy. Pero me levanto, tomo aire y continúo, decidido a tomar senderos más peligrosos, esperando que el equipaje me ayude a solventar los apuros de esta ruta.


Lo necesito. Debo caminar con la convicción de la ilusión. La convicción que me da imaginar que al final del viaje, podré voltear a ver y observar que no caminé en círculos. 



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