martes, 7 de junio de 2011

¿Por qué nunca vienes sola?

Yo he sido siempre muy simple. Ando yo. Solo yo. Tal vez por eso me ha impresionado tu estilo. ¿Por qué nunca vienes sola?

Cuando te conocí, venías con el sol. Lo traías a tu alrededor, como si te abriera espacio para que pudieras caminar. Y la luz, intensa, con tanta fuerza y cegadora, para no olvidar.

El día en que te hablé, venías con una canción. De tu voz salieron todas las tonalidades, ritmos y notas. Partituras tan hermosas que pusieron a bailar mi corazón. A la razón, la más linda de las canciones.

La noche en que me invitaste, venías con las estrellas. Todas, una a una, desfilando frente a ti, como pequeñas damas de honor. Y llenabas de color la noche, brillando en la penumbra.

Cuando te dije que te quería, venías con la esperanza. De la mano, como íntimas amigas. Y la hice mía al pensar que podría ser mejor persona a tu lado. Que podría tener un lugar en tu corazón.

La tarde en que te besé, venías con el mar. Llenando, mojando, inundándolo todo, con el ímpetu de las olas y la frescura de la brisa. Y tu risa, clara e intensa, que ahogaba mis temores en la profundidad de tu ser.

Y por eso te pregunto, ¿por qué nunca vienes sola? Porque yo soy simple, Solo yo. Y tú en cambio vienes con el universo. Con rima y verso. Con lo esencial y lo complejo. Con lo inmediato y lo infinito. Con oro en la mirada y el arco iris por diadema. Ese es mi dilema: ¿por qué nunca vienes sola?