Si todos los caminos conducen a Roma, no debería preocuparme las decisiones que se toman día a día. Pero creo que la selección del camino es en definitiva más importante que el hecho de llegar.
Cuando se lleva mucho tiempo transitando por una vía, es difícil imaginar que podría no ser la correcta. En especial porque representa lo más intrínseco del ser: nuestra capacidad de tomar decisiones. Es más fácil oír por allí “no me arrepiento de nada” (las más de las veces por orgullo) que oír “lo siento, me equivoqué”.
Pienso que un cuestionamiento sano debería ser si vamos por el camino correcto o no. Quizá no recurrente, pero si eventual, aunque esto represente evaluar nuestras decisiones y con ello el concepto que tenemos de las cosas y nuestra visión de la vida. Al final de cuentas no es la misma perspectiva del futuro que teníamos hace 5, 10 ó 20 años.
¿Opciones? No lo sé. Regresar está descartado, simplemente porque tampoco creo estar errado hacia donde voy, es solo que tengo visiones de que hay un mejor camino. ¿Continuar? Es posible, pero la inquietud que siempre me han provocado las bifurcaciones –veo una desde acá- me obliga a analizar alternativas…
Bueno, sacaré mi faceta de explorador, me arriesgaré a la aventura y probaré trazar un camino nuevo,. Iré por un sendero desconocido, tentadoramente expuesto a los peligros.
Yo también veo una bifurcación desde acá. Que interesante, en serio.
ResponderEliminarmmmm... y cuando ya no ves más el sendero a seguir???
ResponderEliminarPues creo que es hora de agarrar un machete y abrirse uno mismo un nuevo sendero...
ResponderEliminar