Está bien, lo admito. Expresarme siempre ha sido una necesidad con la que he tenido algunas dificultades. En parte por la poca habilidad natural para hacerlo. La mayoría de veces las personas no creen que yo sea alguien tímido y callado. Claro, la vida me enseñó (o he de decir me obligó) a exteriorizar mis emociones, pero no siempre fue así. Mi forma introvertida de ser se enfocó en tener ideas y conceptos que me permitieran comprender mejor el mundo en que vivimos, buscar balances y contrapesos. Lo cuestioné todo: lo que estudiaba, lo que practicaba, lo que probaba y lo que creía. No por rebeldía, sino porque siempre he pensado que nadie es dueño de la verdad absoluta.
De alguna manera encontré a lo largo del tiempo diferentes maneras de expresarme. Las artes escénicas fueron equilibrando mi personalidad, permitiendo que muchas sensaciones que galopaban en mi interior pudieran liberarse. La música me brindó desde muy pequeño cierta sensibilidad útil para trasladar al exterior sentimientos que no lograba decir con palabras.
Quizá por todo esto me enamoré de la comunicación hasta hacerla un estilo de vida. Y aprendí a utilizar diferentes herramientas para expresar una diversidad de ideas. Diría que para cada situación hay una manera de expresión, y aplicar este pensamiento me permitió transmitir lo que quería comunicar con mayor libertad.
Sin embargo, al revisar mi interior me di cuenta que mi mente guarda algunos espacios impenetrables, que últimamente han estado haciendo demasiado ruido. Es lo que llamo un cuarto oscuro, una especie de sótano donde a lo largo del tiempo se van guardando aquellos objetos que no utilizamos, que no nos sirven. Pero que los guardamos porque representan algo, porque creemos que alguna vez servirán, porque tienen un valor sentimental (aunque sean basura) o simplemente porque no nos atrevemos a tirarlos.
He decidido abrir esa puerta. Con escoba en mano y mascarilla puesta (soy alérgico al polvo) estoy dispuesto a entrar. Creo que el ruido intenso que sale de allí es porque deben haber ratas gigantescas, arañas, cucarachas y, quizá, hasta algún monstruo mitológico. Estoy involucrado en el doloroso proceso de reinventarme a mi mismo, y no puedo hacerlo si no expreso esas ideas que están guardadas en ese lugar, que a veces son macabras o a veces tiernas, a veces irreverentes y a veces sublimes. Por eso nació este blog. Un ladrillo en la reconstrucción de mi ser. Estoy acá, en el cuarto oscuro de mi mente abriendo esa puerta, dispuesto a sacar de allí esos cachivaches y a pelear con criaturas ancestrales. Como decía mi abuela, Que Dios me agarre confesado.
Creo que todos tenemos ese espacio en nuestra mente, ese cuarto oscuro y aveces es dificil entrar, pueda ser que ahi se guarden pensamientos o ideas que son dificiles de digerir o simplemente que no queremos exteriorisar por miedo o por chiviados, de vez en cuando es bueno entrar y desenpolvar, limpiar un poco, exteriorizar y compartir. Hermano te felicito por este blog, ojala que muchos participen "En el Cuarto oscuro" y cuenten que guardan ahi.
ResponderEliminarMe identifico mucho con tu forma de sentir. Durante mucho tiempo oculté mis pensamientos y sentimientos, tanto fue, que perdí mi identidad... Por alguna razón (no sé cuál aún) esos pensamientos se han vuelto a adueñar de mi mente, reclamando el lugar que les correspondía y me obligan a retomar el rumbo de mi tan monótona vida...
ResponderEliminarLo que encuentres puede ser que no sea una criatura mitológica... puede que sea algún tipo de conejo de indias que utilizaste en algún tiempo y hoy quiere vengarse por lo que le hiciste.
ResponderEliminarPara cada situación hay una manera de expresión... en esta creo que sería "sarcasmo".
Creo que todos tenemos en nuestro ser un espacio obscuro, ideas que buscamos expresar, sentimientos que nos detienen a dar el siguiente paso, miedos que buscan hacernos retroceder, pero también dentro de esa obscuridad hay valor, hay emociones y sobre todo un deseo de decir lo que siententes, piensas. Así que para adelante con los proyectos.
ResponderEliminar